Reflexiones

Hace algunos días asistí al homenaje que le organizaron a la maestra de mi hijo que está en quinto de primaria, en la ceremonia se leyó una reseña de la vida de la maestra y en ella se comentaba que desde muy niña ella deseaba ser maestra, eso dejo en mí una pregunta, ¿Desde cuándo nació en mí el deseo de ser maestra?, esta pregunta me obliga a ver en retrospectiva mi vida, como estudiante, nunca me vi a mi misma dando clase, no era algo que yo quisiera hacer, yo no busque la docencia, se puede decir que la docencia me buscó a mí, aún antes de tener una carrera, la docencia entro en mi vida como un efecto secundario de la actividad de ayudar a niños desamparados emocionalmente, esa fue mi primera experiencia docente, solo tenía 17 años entonces, recuerdo que mi experiencia fue buena, el no tener técnica alguna de enseñanza me obligaba a buscar soluciones creativas y aunque parezca increíble tuve mis logros y buenos comentarios de mi trabajo. Después de esa primera experiencia regrese a mi vida del otro lado del aula, regrese a ser estudiante.
Estudie mi carrera y al egresar mi meta era ser la mejor programadora, la vida me dio la oportunidad de trabajar en una empresa haciendo lo que yo quería, programando, fue una experiencia exquisita que moldeo alimentó y acrecentó mi amor por la programación, pero la vida me llevo de nuevo a la docencia, al casarme y cambiar de residencia tuve que cambiar de trabajo y ahí estaban esperándome los maravillosos jóvenes de las escuelas en las que he tenido el placer de trabajar.
Pero ¿Cómo ser maestro cuando no sabes hacerlo?
Mi primera estrategia: Recordar e imitar a mis maestros memorables y sus métodos.
Para empezar estuvo bien, pero la educación evoluciona, los alumnos cambian y se requiere que el docente cambie.

Siguiente estrategia: Creatividad, prueba y error.
Al darme cuenta de la necesidad de cambiar busque estrategias creativas y ya un poco documentadas porque con el paso del tiempo enriquecía mi trabajo tomando cursos de docencia, las probaba y analizaba su eficacia, de ser necesario corregía el rumbo y seguía adelante.

Hasta este momento mi vida como docente estaba a la buena voluntad del director en turno, porque no tenía base en ninguna escuela, pero por fin llego la esperada basificación en el CBTIS, esto me dio la certeza de que mi camino seria el ser docente y la seguridad de un ingreso fijo, así que ya podía pagar una maestría, y seleccione una amalgama entre mi profesión y la docencia, “Tecnología Educativa”, esto me enseño que muchas estrategias que ya hacia tenían fundamento y metodología y los aprendí. Lo anterior facilito en gran medida mi trabajo, también me dio tranquilidad de saber que estaba haciendo bien las cosas.

Desde entonces he buscado prepararme, actualizarme y prepararme para una educación cada vez más cambiante y dinámica.
Pero regresando a la pregunta de ¿Cuándo nació en mí el deseo de ser maestra? Puedo responder que una vez que lo fui, cuando me di cuenta que siendo maestra tienes el enorme poder de tocar vidas, de colaborar en el éxito y la felicidad de los seres humanos que llegan a ti algunas veces con lastres que no les dejen avanzar y que con tu ayuda y ejemplo pueden dejar atrás, cuando me di cuenta de la verdad que existe en la frase de William Arthur Ward “La enseñanza es más que impartir conocimiento, es inspirar el cambio. El aprendizaje es más que absorber hechos, es adquirir entendimiento” y cuando me di cuenta de que puedo y quiero hacer todo lo anterior, concluyo que aunque antes de ser maestra no deseaba serlo, ahora que lo soy no puedo imaginar mi vida sin la docencia.



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